Estoy en contra de ustedes, personas sin aliento, sin significación, personas intolerables cuando quieren. Que no me respetan, que no las respetan, que no nos respetan. Nosotras, las mujeres, estamos verdaderamente cansadas. No somos objetos usables para fines sexuales, no somos objetos para masturbarse en la cabeza. No me quiten energía, no me hagan dudar de cada uno de los hombres que se me presentan.
Y cada vez que salgo a la calle soy violada, y cada vez me resigno más. Uno, dos, tres… hay veces son cinco o seis hombres por cuadra que te gritan cosas. Sin olvidarnos del viejo verde que conduce un auto, que te persigue cinco cuadras y te grita desde la esquina: morocha, 200 pesos. Y me enfurezco… porque yo no valgo eso. Yo no valgo nada de lo que usted pueda llegar a pagar; porque mi valor no es monetario, no es capitalista, mi valor está muy adentro mío, y muy pocos van a tener el privilegio de conocer.
No soy la mejor, no soy la peor. Soy esto. Quereme así. Aceptame así. Enojate conmigo y después abrazame. Que cuando nuestras almas se unen, ya no queda más nada. Y ese abrazo, ese abrazo compensa todo. Ese abrazo llena, me inunda por dentro; siento todos mis microorganismos crear una revolución, como si todo el organismo parara de repente un segundo y comience de nuevo a trabajar en un nivel totalmente potenciado. Como extraño eso. Como TE extraño, tuviste el privilegio de conocerme por dentro.
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